Spitz Japonés

El Spitz Japonés (Nihon Suppitsu) no es una raza muy conocida en occidente, pero está emparentado con el Samoyedo o American Eskimo entre otros.

Los origenes del Spitz Japonés son bastante inciertos, pero lo que sí está claro es que la raza desciende de los perros tipo Spitz de color blanco que llegaron a Japón hacia 1920. Así que, como consecuencia de la selección local, en la isla nipona se formó esta nueva variedad de Spitz.

El Spitz Japonés es inteligente, juguetón, audaz, reflexivo, tranquilo y prudente. Le gusta estar con niños siempre y cuando no lo traten como un juguete. Es protector y afectuoso con sus dueños y muy desconfiado con los extraños. Es un perro muy alerta que a la mínima irregularidad avisará a sus dueños a base de ladridos.


El Spitz Japonés es un perro blanco, pequeño y de pecho ancho y profundo. La cabeza es de tamaño mediano y un poco redonda. El hocico es puntiagudo pero no demasiado largo ni demasiado grueso. Las orejas, insertadas altas, son pequeñas, triangulares y erguidas. La cola, de inserción alta y longitud media, la tiene enroscada sobre el dorso. El pelo exterior es recto y el subpelo suave y espeso.
Cuidados específicos

Por su pequeño tamaño, el Spitz Japonés se adapta perfectamente a la vida de interior aunque le encanta salir al aire libre y correr de vez en cuando. Hay que ejercitarlo tanto física como mentalmente. No es un perro difícil de adiestrar pero el dueño se debe mostrar firme y coherente en sus acciones. Si el perro domina al dueño y se cree que es el líder de la familia puede que acabe padeciendo problemas de comportamiento y se vuelva destructivo y mordedor.  Hay que cepillar al Spitz con regularidad, sobre todo en época de muda.

El Spitz Japonés no padece graves defectos o enfermedades hereditarias, la mayor preocupación para los dueños es que sufra luxación de rótula.
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